diciembre 1, 2021

Voz Nortecaucana

La Voz De Nuestra Gente

Quedé atrapado a 100 metros bajo tierra y casi sentenciado a morir

2 minutos de lectura

Javier Salas estuvo 92 horas atrapado en una mina carbón. Una nueva entrega de #Sobrevivientes.

A más de 100 metros bajo tierra, la ley de la vida parecía que me sentenciaba a una muerte inevitable.

En completa oscuridad y sin hallar respuestas de qué estaba pasando, el miércoles 19 de agosto del 2020 había quedado atrapado en una mina de carbón en Lenguazaque, Cundinamarca, y la angustia era el único sentimiento que afloraba en tan profundo escenario.

-Aquí quedamos- nos auguró Eduardo Mateus. Él era de mis grandes amigos, lo conocía desde hace 10 años en las minas de esmeralda del occidente de Boyacá.

También estaba a mi lado Manuel Sánchez, un hombre a quien apenas distinguía.

Había llegado a la mina Las Alisas ese miércoles hacia el mediodía para adentrarme en la tierra y extraer carbón.

Llevaba pocos días laborando allí tras pasar la cuarentena por el covid-19 en Chiquinquirá, Boyacá, donde viven mis padres y siete hijos. Los gastos no daban espera y era momento de volver a trabajar.

Ese día, la jornada laboral se inició con retraso, solo entramos a las 2 de la tarde tras superarse un fallo de energía.

Por el inclinado o rampa, los tres descendimos a realizar las labores de extracción a unos 140 metros bajo tierra; algo así como cruzar una cancha de fútbol por un pequeño túnel de 1,5 metros de alto.

La única luz que se proyectaba en esas tinieblas era la que salía de nuestros cascos.

Entrar en una mina subterránea no es para cualquiera.
 Se necesita valentía, destreza y conocimiento, las cuales adquirí con el pasar del tiempo, pues 26 de mis 45 años he estado hasta 10 horas diarias escarbando con martillo picador en busca de esmeraldas o carbón.

El momento más duro es cuando se sabe que se puede morir y no se encuentra auxilio.

Era un día de trabajo normal. Cada hora enviábamos hacia la superficie la vagoneta de dos metros repleta de carbón. A las 7 de la noche del miércoles mandamos la última extracción, pero continuamos picando por cerca de unos 90 minutos más hasta cuando nos fijamos que el coche no había retornado.

Decidimos que era momento de irnos. Sospechamos que algo había pasado con la vagoneta. Al subir unos 60 metros, la hallamos descarrillada en el inclinado y soportando un derrumbe. Si ese coche cedía, era nuestro final.

tomado de: eltiempo.com



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