diciembre 1, 2021

Voz Nortecaucana

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Nobel de Paz de Juan Manuel Santos en 2016, en tela de juicio

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Un artículo de The New York Times realizó un listado de recientes distinciones hechas por el Comité Noruego que califica de “indignas” y hasta “absurdas”. Se menciona el caso del expresidente colombiano. ¿Son válidos los cuestionamientos?

La emergencia humanitaria desatada en Etiopía –donde, en apenas 48 horas, 8.000 personas huyeron en búsqueda de refugio– y la presunta responsabilidad del presidente Abiy Ahmed, galardonado con el Premio Nobel de Paz 2019, abrieron el debate alrededor de a quiénes se les está otorgando tal reconocimiento. Transversal a la discusión, como señala un artículo del The New York Times, se encuentra el expresidente colombiano Juan Manuel Santos, quien lo recibió en 2016.

Se trata de la más emblemática distinción en materia de pacificación, fraternidad y respeto de los derechos humanos, que desde 1901 entrega el Comité Noruego. Sin embargo, según la publicación, que firma Rick Gladstone, editor de asuntos extranjeros del periódico, en al menos seis oportunidades durante las últimas tres décadas la junta responsable de hacer la distinción ha elegido a personas “cuyas acciones y comportamientos, ya sea antes o después de la concesión del honor, se han considerado indignos o, en algunos casos, incluso absurdos”.

El detonante fue lo ocurrido con el presidente Ahmed, en Etiopía, donde se prevé que en los próximos días alrededor de 200.000 personas busquen refugio en Sudán, país vecino. ¿La razón? El gobierno que dirige el nobel de Paz lanzó una operación contra el Frente de Liberación de los Pueblos del Tigré (TPLF), a cuyos miembros acusa de haber atacado dos bases del ejército. La fuerza aérea etíope, en respuesta, bombardeó objetivos del Tigré y también intervino por tierra, con combates de artillería pesada, en el oeste.

“Las medidas de este mes de Abiy Ahmed, el primer ministro de Etiopía, para reprimir violentamente la región de Tigré y arriesgarse a hundir al segundo país más poblado de África en una desastrosa guerra civil han reforzado las dudas sobre el pensamiento y las deliberaciones secretas del Comité del Nobel”, dice el artículo.

Citando a Henrik Urdal, director del Instituto de Investigación de la Paz de Oslo –que analiza las selecciones del premio–, la publicación de The New York Times señala que recientemente el Comité ha “tratado de otorgar premios por procesos, por tratar de alentar a los premiados a estar a la altura del premio, y ese es un negocio extremadamente arriesgado”. Se reseña además a Richard B. Gunderman, profesor de la Universidad de Indiana que ha abordado el tema, quien sostiene que el premio “se ha otorgado a personas y organizaciones que no siempre estuvieron a la altura de sus ideales”.

Tras enumerar varios casos de distinciones cuestionadas, la publicación se refiere al reconocimiento otorgado a Santos hace cuatro años, por sus “decididos esfuerzos” por llevar la paz a Colombia tras 52 años de conflicto armado. Los esfuerzos de Santos, según el Comité, llevaron al Acuerdo de Paz y, aun sabiendo que era controvertido, “el presidente colombiano decidió someterlo al voto de sus compatriotas”.

Precisamente, Santos recibió la distinción días después de haber sometido lo acordado con la otrora guerrilla de las Farc a un plebiscito en el que se impuso el “no” a lo discutido en La Habana (Cuba). Ese hecho es citado en el artículo del periódico estadounidense, que advierte –sin mencionar situaciones concretas– que el país “una vez más está entrando en conflicto”.

“El premio fue anunciado pocos días después de que los colombianos rechazaran por poco el acuerdo de paz en un referéndum, una profunda vergüenza para Santos. Si bien finalmente se impulsó un acuerdo de paz a través de la legislatura, los acontecimientos recientes en el país sugieren que una vez más está entrando en conflicto”, reclama la publicación.

Indirectamente, el artículo podría referirse a recientes hechos, como el rearme de algunos miembros de la exguerrilla –como Iván Márquez o Jesús Santrich–, el fortalecimiento de las disidencias, la seguidilla de masacres (una muestra de los niveles que ha alcanzado la violencia) o el recrudecimiento de los crímenes, tanto de líderes sociales como de excombatientes que se acogieron al proceso.

Ante el cuestionamiento, el exministro Juan Fernando Cristo, quien participó activamente de los diálogos en Cuba y que hace parte del movimiento Defendamos la Paz, criticó los señalamientos. Al insistir que “el nobel es lo de menos” y lo importante es la paz y la tranquilidad de Colombia, el exfuncionario manifestó que “los acontecimientos recientes” a los que se refiere The New York Times no pueden ser atribuibles al Gobierno Santos, sino a las dificultades en la implementación de lo acordado que, aseguró, son responsabilidad del actual mandato de Iván Duque.

“Hay suficiente información para concluir que el conflicto, en algunas zonas del país, se debe a una ausencia de una implementación integral del Acuerdo de Paz, y no al Acuerdo mismo. El artículo está bastante desinformado. El problema de seguridad se debe a la falta de implementación y a la ineficiencia del gobierno en la persecución militar a las disidencias”, reviró Cristo.

tomado de: elespectador.com

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