diciembre 1, 2021

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La vacuna de la covid-19, entre la esperanza y los intereses globales

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Casi como en una competencia de alto rendimiento, varios países avanzan por desarrollar y producir a gran escala una vacuna para el coronavirus. Quien lo logre tendrá un arma diplomática potente para definir el ajedrez geopolítico en los próximos años. Las donaciones chinas a América Latina y la promesa de hacer universal sus vacunas, dan señales de a dónde apuntan los intereses en la región.

La entrada de cinco vacunas a la fase tres de experimentación, en la cual se hacen pruebas con miles de personas, aumenta la esperanza mundial y, al mismo tiempo, abre la competencia política por quien la tenga primero, una vez exista una fórmula efectiva. En esta carrera por el que sería el mayor logro científico en la historia reciente, hay varios competidores que destacan por sus avances como la de la Universidad de Oxford, junto a la farmacéutica AstraZeneca, la biotecnológica estadounidense de Moderna, y dos de empresa chinas, la biofarmacéutica Sinovac y la empresa Cansino Biological.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) estas candidatas hacen parte de un grupo de 149 vacunas experimentales contra el coronavirus. En el caso de Estados Unidos se han destinado millones de dólares de fondos federales para lograr 300 millones de dosis de una vacuna efectiva para inicios de 2021, de acuerdo con su plan “Operation Warp Speed”. En el caso de China, sus apuestas se han dirigido a empresas como Sinovac, creadora de CoronoVac, vacuna que está en pruebas clínicas desde abril, y en la que invirtió 140 millones de dólares.

Esta última es el principal caballo de batalla del gigante asiático en la carrera por conseguir la vacuna y conquistar el sediento mercado de países que esperan la cura. De hecho, ya está haciendo pruebas en América Latina, una región que será estratégica, tanto por ser la de mayor número de casos de coronavirus, al sumar casi cuatro millones y medio hasta finales de julio, como porque es uno de los objetivos diplomáticos de Beijing. En este escenario, ¿qué puede significar para el orden mundial que China se alce primero con la vacuna para la covid-19?

Los intereses de China en América Latina y el Caribe no son nuevos. La potencia asiática ha otorgado créditos por un valor que supera los 137 billones de dólares, siendo sus principales acreedores Venezuela, Brasil, Ecuador y Argentina. Ahora, su apuesta por mantener estas alianzas son más evidentes, en una lógica de ver oportunidades en medio de la crisis de la pandemia, y seguir su expansión en temas de infraestructura, tecnología y compra de materias primas, entre otros sectores.

De acuerdo con Benjamin Gedan, director adjunto del Programa Latinoamericano del Wilson Center en Washington D.C., lograr una vacuna para exportar se ha convertido en el “santo grial”. En una entrevista para la revista Time, el analista político señaló que “si China produce la primera vacuna a gran escala, sería una extraordinaria herramienta diplomática en cualquier parte del mundo”.

En la disputa por América Latina, el gigante asiático golpeó primero con la reciente oferta de apoyo a varios países de la región. En una cumbre virtual, realizada a finales de julio, en la que participaron los cancilleres de Colombia, Argentina, Chile, Ecuador, Costa Rica, Cuba, República Dominicana, Panamá, Perú, Barbados, Trinidad y Tobago y Uruguay, el canciller chino Wang Yi dijo que la vacuna que viene desarrollando su país será un bien público y de acceso universal. Además, ofreció un crédito de 1000 millones de dólares para que esté al alcance de estas naciones.

En la declaración conjunta de los cancilleres latinoamericanos, al finalizar la cumbre virtual con su homólogo chino, apoyaron “un sistema de comercio multilateral universal, abierto, no discriminatorio, equitativo e inclusivo basado en normas”. Desde hace unos meses China ya ha venido suministrando material médico, respiradores y mascarillas a países como Argentina, Chile, Colombia y Venezuela.

La aparentemente generosa oferta del gobierno chino, en momentos que el mundo pasa una crisis económica y comercial, contrasta con la política internacional de EE.UU., el cual ha perdido su rol de liderazgo y tiene su agenda concentrada en los temas de migración y drogas. La caótica labor del gobierno Trump, quien constantemente subestima el impacto del virus, se ha guiado por la lógica de “primero América”: basta recordar la compra de casi todo el stock disponible del medicamento remdesivir, cuando se probó que este reduce los efectos de la covid-19 en pacientes con síntomas graves.

tomado de: conectas.org

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